Jueves 11 de la mañana. 

He comenzado con una reunión entre Londres, Singapur y España. Entender el inglés de los singapurenses es muy difícil, en serio 🙄

Suerte que consigo que se acerquen el ordenador para escucharlos y verlos mover la boca, así les entiendo mejor.

Acaba la reunión y tras mandar lo que me han pedido, varios "tienes un momento", ponerme al día y marrones varios, empalmo con otra reunión. 

Esta vez, solo Londres. Una maravillosa conference call pero sin webcam, solo el speaker del teléfono que se oye de pena. 

Centro todos mis esfuerzos por seguir la conversación y según avanza la cosa, me va subiendo un calor por dentro que me es familiar.

Estoy comenzando a enervarme 😤

Miro a mi compi con cara de ¿en serio nos están diciendo esto ahora? Ya lo sabían desde hace un siglo... No me lo puedo creer.

De repente 20 millones de frases se agolpan en mi cabeza y quiero interrumpirles todo el rato porque lo que están diciendo no tiene ningún sentido para mí.

Consigo darme cuenta, respiro y dejo que mi compañera hable tranquilamente.

Tomo una posición de observadora y me doy cuenta en milésimas de segundos de que he vuelto a caer. Si Britney, Oops I did it again yo también.

He vuelto a confundir resignación y aceptación.

En mi anterior época en multinacional, aprendí a vivir con resignación pero yo me creía que estaba aceptando.

Entre la resignación y la aceptación hay un abismo que ahora veo claramente.

Al igual que entre la frustración y la aceptación.

¿Te habías planteado alguna vez la diferencia entre aceptación, resignación y frustración?

La mayoría de las veces cuando decimos, "no, si yo lo acepto", en realidad no te crees ni tú que sea una aceptación real, pero nos engañamos que da gusto (yo la primera!)

Ese "no, no, si ya lo tengo asumido" es frecuentemente indignación o frustración.

  • La indignación la verás venir porque se disfraza de cabreo. Te sube ese calor del que te hablaba antes y notas como el enfado se va haciendo protagonista.

  • La frustración es una listilla, se camufla mucho mejor. Se confunde con el conformismo positivo del de alguien al que todo le va bien, aunque en realidad no. A la frustración la verás venir porque te deja "aplatanado", es un "más vale malo conocido que bueno por conocer" y con ella sueles perder la sensación de que lo que haces te aporta, no hay plenitud ninguna. 

  • La aceptación sin embargo es muuuy diferente. Cuando realmente estás aceptando, hay apertura, hay aprendizaje, hay incluso una sonrisa.

¿No te ha pasado nunca que, con el tiempo, ves una situación difícil por la que pasaste y sonríes internamente dándote cuenta de todo lo que has aprendido gracias a ella? Pues esa es la auténtica aceptación.

Yo, en el momento de la call, me di cuenta de que me había pasado 6 años y medio de mi vida engañándome a mí misma. Pensando que tenía aceptada una situación cuando lo que tenía era indignación, un cabreo callado por dentro.

Así que, decidida a que mi vuelta temporal sirva para aprender lo que no hice en su día, me pongo manos a la obra para hacer una digievolución de indignación a aceptación auténtica.

¿Te apuntas a la digievolucionar conmigo?

Sé que a lo largo de mi vida me voy a encontrar con muchas situaciones que no me gustarán y quiero que me sirvan para ser más resiliente. Para ello, la aceptación es fundamental.

Si te sumas al reto de la digievolución, puedes empezar a ponerte manos a la obra con mi masterclass gratuita sobre “Gestionar marrones con buena actitud es posible”. (Pincha sobre el título para verla)

En ella aprenderás:

  • Herramientas para conectar con tu paz mental.

  • Los 3 pasos fundamentales que necesitas para aumentar tu resiliencia. ¡Aquí verás que la aceptación es el primer paso fundamental!

  • Cuál es tu nivel de resiliencia gracias al test que te dejo de regalo.

Obsérvate un par de día a ver cuántos disfraces de aceptación llevas puesto y atrévete a quitártelos conmigo.

Y ya sabes, si eres más de podcast que de post, aquí tienes el nuevo.

Un abrazote inmenso

Melisa Terriza

👊Lidérate para liderar👊

P.D. Pásale a esto a tu colega que no para de decirte que tiene asumido que su jefe es un capullis pero le pone verde cada dos por tres 😉

 

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