Si en lugar de ir mirando el móvil, quieres ir mirando la vida escucha el podcast:

Mi primera clase de yoga fue bastante desastrosa. Fue hace unos 9 años más o menos.

Tenía un par de compis del trabajo que iban y hablaban maravillas. Además, el sitio estaba al lado del trabajo, así que una tarde al salir fui para allá.

Nada más sentarme y comenzar la clase me llega el ruido de las obras y de los coches de la calle Serrano. “¿Qué me relaje con este ruido dice? ¡Pero si solo escucho las obras!” – solo podía pensar eso.

“Ahora nos estiramos, y sentimos todos los órganos internos de nuestro cuerpo. Siente como los riñones se mueven” – decía la profesora con una voz muy dulce. “¿Qué sienta como se mueven los riñones? ¿Pero que me estás contando, si casi no se ni dónde están? – en mi mente cada vez había más enfado y estaba entrando en colapso.

Aguanté la clase como pude, pero como puedes imaginar, no volví.

El tema no estaba en la escuela ni la profesora, el tema estaba en mí. No era mi momento para “esas cosas rarunas”. Tenía 25 años, acaba de entrar a trabajar de lo mío y mis prioridades eran perfeccionar el inglés y hacer todo el esfuerzo posible para quedarme fija en la empresa.

A pesar de eso, esa curiosidad siempre estuvo ahí, solo que no le dedicaba mucho tiempo.

Tras un año de malas posturas frente al ordenador, mi cuerpo me pedía pilates como el comer ya que las contracturas del cuello empezaban a tomar vida propia. Después volví a interesarme por el yoga, aunque no terminé de ir a ningún sitio concreto. Siempre tenía la excusa del tiempo o del dinero.

Un año más tarde, fue el momento de la hecatombe. Me quedé totalmente alone in the dark en el departamento comenzando a ser mánager extra oficialmente y acumulando cada vez más señales en mi cuerpo que me decían que por favor, por favor, buscara la forma de gestionar mejor el estrés.

Mi prima fue la que me dio la luz – “Pues nosotros vamos a clase de meditación todos los lunes con una profe que es genial, vente si quieres, yo creo que te va a gustar”- me dijo.

Y al lunes siguiente, allí estaba yo escuchando a Natalia. Una tía de Getafe, que no hablaba de cosas extrañas sino de ir a hacer la compra, lidiar con los jaleos del trabajo y demás cosas cotidianas, todo muy práctico y, sobre todo, con mucho humor (gracias Natalia). Con ella me enteré…

…de los falsos mitos sobre la meditación:

  • No va de dejar la mente en blanco

  • Tampoco va de eliminar pensamientos

  • No hace falta ser budista para practicarla

  • Incluso a ella también se le pasaban 20 millones de cosas por la cabeza cuando se ponía a meditar, es decir, que esto no solo me pasaba a mí y era lo normal.

El caso es que yo seguí yendo y gestioné mejor el estrés, mi salud también mejoró y descubrí un montón de cosas sobre mí misma. Cosas sin las que hoy, no estaría donde estoy ni de coña.

No he dejado de meditar desde entonces.

Fue un camino que tuve que recorrer paso a paso y si alguien me hubiera insistido en que tenía que ir a meditar a los 25 años, le hubiera mandado a paseo. Sin embargo, dos años más tarde, nadie tuvo que insistirme porque era mi momento.

Por eso, si tu estás en un momento similar y tienes curiosidad por la meditación, pero crees que eso de estar sentado sin hacer nada no es para ti, te he preparado un regalito.

¿Sabes que puedes meditar mientras caminas? Po’ zi.

Pincha aquí para escuchar la meditación caminando, será un gustazo acompañarte.

👊Lidérate para liderar👊

Melisa Terriza

P.D. No es para ir caminando a todo meter entre que sales del curro y coges el metro eh? que nos conocemos 😝 Busca un sitio donde puedas caminar un poco más tranqui y dale al play.

 

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