"No sé qué más hacer con él. Le he dejado hacer toda la parte del proyecto nuevo que más le gusta, este año ha tenido bonus, le reconozco cuando hace algo bien, vamos celebrando los pequeños éxitos y hay buen rollo en el equipo.

La mayoría de las veces le veo que va a medio gas. Hay días contados que viene bien y está como antes pero la verdad es que son bien pocos.

En la conversación inspiradora anual, me dijo que quería seguir creciendo dentro de la empresa pero no le veo con esa actitud. Lleva ya casi un año haciendo lo justo y la verdad, es que esto está perjudicando al resto de personas del equipo porque no va fino.

No le presta atención a los deadlines y hace las cosas a medias pero yo no sé qué más hacer para motivarle, se me han acabado las ideas."

›Esta es la situación de Laura, mánager de un equipo de 5 personas en una gran multinacional desde hace un par de años.

Ya no sabe qué hacer con Pedro, sabe que tiene capacidad para trabajar mucho mejor pero no hay forma de que la saque. Cree que está desmotivado pero por más que ha intentado cosas, el tema no mejora.

Se siente culpable por no ser capaz de motivar a Pedro.

¿Crees que es culpa suya?

›Tenemos la palabra motivación hasta en la sopa y hay que cogerla con cuidado, tanto del lado de los mánagers como del lado de los colaboradores.

Los colaboradores piensan que son los mánagers los que les tienen que motivar, yo era la primera que lo hacía en su día.

Los mánagers, sobre todo los millennials que hasta hace nada eran colaboradores, quieren motivar al equipo todo lo que no les motivaron a ellos. Yo también era la primera que lo hacía en su día.

Me rompía la cabeza intentando motivar al equipo y después de ir a una formación de liderazgo me di cuenta de que yo podía hacer cosas para motivarles pero que no dependía al 100% de mí. Era una responsabilidad compartida.

Cada persona tiene sus propias motivaciones y es importante que el mánager sepa cuál es la de cada uno. Sin embargo no siempre puedes motivar al otro.

Cuando esto sucede, suele ser porque la etapa del colaborador dentro de la empresa ya está quemada y por lo tanto, se está acabando.

›Toda motivación tiene ciclos. Cuando empiezas en un trabajo nuevo, la motivación está a tope porque tienes mucho que aprender y todo es emocionante.

A medida que vas dominando el puesto, la emoción de lo nuevo se pierde y a no ser que tengas mucha pasión por lo que hagas, llegará un momento en el que quemarás esa etapa y tendrás que pasar a otra.

¿Y aquí que es lo que pasa? Que eso de pasar a otra etapa, da miedo. Ampliar la famosa zona de confort no es fácil.

›A mí me dio mucho miedo cambiar de etapa cuando decidí dejar mi trabajo de mánager y dedicarme a tiempo completo al coaching.

Tenía un buen sueldo, buenas condiciones y gente maravillosa que veía cada día pero no tenía pasión verdadera por lo que hacía. Había cosas que me gustaban pero no había pasión auténtica como la había en el coaching. Por eso lo dejé.

Sin embargo lo que solemos hacer es quedarnos a medio gas en la etapa que ya está quemada, hasta que alguien o algo te empujan un poquito para marcharte. Ojo, que con esto no digo que todo el mundo tenga que dejar su trabajo, para nada.

›Si estás en la situación de Pedro, te invito a que te busques tus propias motivaciones personales para ir contento a trabajar en lugar de echar la culpa a tu mánager de que no estás motivado. Tú eres el  principal responsable de tu desmotivación en el trabajo, sorry.

Si no encuentras ninguna, ¡Houston we’ve got a problem!  Por mucho palo que te de cambiar quizá deberías empezar a buscar otra etapa nueva con la que emocionarte y sentirte realizado.

›Si eres Laura, no motives a diestro y siniestro. Ocúpate de tu área de influencia que es sobre la única que puedes actuar. Entre ellas, está la de hablar honestamente con las personas de tu equipo.

Si te da palo hacerlo y no sabes cómo decirselo, te vendrá bien la herramienta de feedback que encontrarás en la página de herramientas de la página web.

Un abrazo!

Melisa Terriza

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