Momento de la certificación internacional de coaching de equipos.  Ejercicio sobre de lo directivos o no que somos.

"Es que hay personas que no proponen nada y tienes que darle tú las ideas porque si no, no saldría nada de ahí". Digo yo, divina de la muerte.

"¿Cuánto tiempo esperas a que el otro te de la respuesta?", me pregunta Daniel, mi sabio formador que, además de coach es gallego así que, siempre contesta con preguntas 😊.

"Mmmm... no sé, le pregunto y si no me dice nada contesto yo".

"¿Y cuanto esperas a que te contesten?

"Pues no sé, un par de segundos supongo".

"Prueba a esperar entre 5 y 10 segundos, verás como se le ocurre algo. Dale tiempo al otro para pensar. No todo el mundo tiene porqué ser rápido contestando y está bien".

Gracias Daniel, me acabas de hacer un ¡zas, en toda la boca! 

Si hubieras visto mi cara en ese momento, me habrías visto con la gota en la cabeza de los dibujos animados japoneses, más o menos así 😅

"Querida mánager milllennial impaciente, pensé, ¿qué hay de malo en esperar a que el otro conteste? No todo tiene que ir tan deprisa, no te tienen porqué contestar ipso facto".

Aprende a manejar la incomodidad que te produce ese silencio hasta que el otro contesta.

Elimina el juicio de que el otro no tiene ni idea y que si no se lo dices tú, os podéis eternizar hasta que se os ocurra algo.

Porque tú, querida mánager millennial, me seguí diciendo a mí misma, lo que quieres es empoderar al otro y si no le dejas que piense en sus propias soluciones y le das tú la respuesta fácil, ¿qué clase de empoderamiento es ese?".

No te voy a engañar, solo con pensarlo no sucedió. Es un hábito que tuve que ir practicando hasta que lo incorporé por completo.

La proactividad y la rapidez trabajando eran dos de mis puntos fuertes y claro, se hacía difícil incorporar ese tipo de paciencia de la noche a la mañana.

No es que me volviera lenta de repente o que dejara que las reuniones se eternizaran pero sí que fui consciente de la importancia de dejarle al otro espacio para pensar.

Me quité la suposición de que si no me contestan al momento es que no lo saben. 

En general, tenemos la sensación de que hay que contestar rápido para no parecer  tonto y que no tienes ni idea de lo que te están preguntando. Pero no es así. 

No todo el mundo tenemos la misma velocidad mental y está bien. Hay personas que antes de hablar necesitan organizar sus ideas. 

Y bien mirado, si lo hiciéramos todos, nos ahorraríamos muchos disgustos y sentimientos de culpa cuando te das cuenta de la burrada que te acaba de salir por la boca. 🙄

Es difícil, para que te voy a mentir. En esta era de Amazon y de Iphones nuevos cada año, eso de esperar cuesta. Incomoda. Da la sensación de que estás perdiendo el tiempo.

Pero no es así, estás invirtiendo tiempo en la otra persona. Esa a la que querías inspirar, de la que querías sacar todo su potencial.

Deja de darle la respuesta fácil, hazle pensar, rétale... No se lo des todo hecho por acabar antes.

Practícalo durante 1 semana y cuéntame que es lo que ha pasado en los comentarios de abajo. Me encantará saber cómo llevas la magia en tu empresa. 

Y si te pone demasiado nervioso esperar y necesitas practicar paciencia o indagar un poco más en ver que pasa ahí. ¡Para eso estoy yo aquí! No hace falta que te fustigues más. Podemos trabajarlo juntos, échale un ojo a mi programa.

Y si eres empresa y tienes mánagers millennial impacientes (lo raro sería que no tuvieras ninguno 😉), puedes pinchar sobre la palabra "empresa" para ponernos en contacto.

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